¿Es realmente Internet la panacea universal?

14 04 2011

Cada vez se habla más de los beneficios de Internet para la educación y me gustaría plantear algunos interrogantes dignos de mencionar.

La práctica me dice que la Web sigue siendo, hoy por hoy, para muchos jóvenes, entre otras cosas, una máquina de diversión a través de sus juegos y de sus redes sociales Twitter, Tuenti, Facebook o Messenger; que tendemos a lo fácil y a lo divertido en esta sociedad del ocio y la despreocupación. Intentar que un alumno supere este hándicap en la soledad de su habitación para convertirlo en una herramienta de aprendizaje es más complicado de lo que parece porque la ventana a la diversión total sigue estando abierta al realizar cualquier otra  actividad de tipo educativo.grito

Constato como los alumnos dedican cada vez menos horas al estudio y como las pruebas escritas o los ejercicios se quedan sin hacer, incluso los elaborados por Internet, con la consiguiente conflictividad familiar que se origina al entender los padres la situación como un problema,  una adición que es necesario cortar, preocupados  al ver como les roba su tiempo y como olvidan sus obligaciones domésticas e incluso la relación familiar; preocupación también ante la lucha de poder que se establece entre los progenitores, que intentan imponer horarios de conexión o incluso investigar el uso que hacen del espacio virtual, y sus hijos, que pretenden evitar cualquier situación de control.

Y esta situación entronca con otra realidad. Internet es una puerta abierta a otra dimensión en la que la madurez es fácil de alcanzar. Los adolescentes se convierten entonces en maduros cibernéticos, capaces de vivir como adultos una realidad virtual, pero no es más que un escenario engañoso que poco tiene que ver con el mundo real y sus  relaciones sociales. De este modo, se cierran a la comunicación con los adultos, rechazan todo lo que les pueden transmitir (por la suposición de que lo saben todo) y tienden a sustituir los valores familiares por los valores de su cibercomunidad, con el consiguiente aumento del aislamiento y la incomunicación en el medio familiar.

Los profesores, imbuidos de modernidad y atraídos por los cantos de sirena, nos actualizamos, nos reciclamos y les preparamos tareas por Internet para las que tienen que usar programas determinados que, en el mejor de los casos, convierten a los alumnos en conocedores del programa o aplicación, continuando poco instruidos en el objeto del trabajo inicial.

En muchos casos, sobre todo en los cursos inferiores de Secundaria, lo que encuentran es una información dispersa y prolija en un sinfín de páginas en las que buscar los datos es una tarea laboriosa y exige de conocimientos previos, de capacidad de resumen, de síntesis y  de elaboración sólo apta para los alumnos más aventajados (estos necesitan, a mi modo de ver, de una información concisa y sintética que les acerque de una manera resumida al problema para poder captar la idea fundamental).

Cuando estos requisitos no se cumplen (y es la mayoría de las veces en Internet), todo se reduce a un corta y pega sin sentido. Cuando se trabaja algún tema, los alumnos escriben frases ininteligibles para ellos que, incluso, poco tienen que ver con el tema en cuestión. Muchas veces, nos hablan de herramientas muy valiosas como los blog, las wikis y o las webquest pero hay que llenarlas de contenido y en numerosas ocasiones de poco sirven para conseguir un aprendizaje significativo de manera que nunca llegan a sustituir al libro de texto a no ser que el profesor tenga la suficiente habilidad, preparación y experiencia informática como para  organizar sus temas de acuerdo a las capacidades y a los interés de los alumnos, pero este es otro cantar.

Siendo así, pienso ahora que deberían de incluir en los temarios universitarios de los futuros docentes una asignatura obligatoria que llevara  por título algo así como “Didáctica a través de la informática”, “Informática aplicada” o “Manejo del ordenador”. O mejor, exigirles que, antes de profesores, fueran informáticos avezados (pero que muy avezados, dados los requisitos exigidos en la actualidad).

En muchas ocasiones esos trabajos vuelven de regreso vacios porque al  alumno se le ha roto el ordenador o ha encontrado alguna dificultad insuperable a la hora de manejar la aplicación. Otras veces, los trabajos grupales recaen en los mejores del grupo y el resto se limita a firmar.

Se constata también como en inglés se usan los traductores cada vez más perfectos y circunscriben su trabajo a copiar la frase traducida con el objeto de presentar la tarea al profesor sin pensar en la poca utilidad de su acción. O como en Lengua Castellana y Literatura no leen los libros recomendados y se limitan a fusilar las síntesis, los comentarios o los resúmenes contenidos en un sinfín de páginas como “El Rincon del Vago”, que luego entregan con cuidada presentación. Y eso lleva al profesor a realizar una labor detectivesca para saber que alumno ha copiado, y de que página, el trabajo presentado.  En muchos casos el profesor obliga a los alumnos a que manuscriban sus trabajos pero en esta materia sólo se trata de copiar (aunque no venga a cuento, recuerdo ahora el uso en los exámenes  de Bachillerato de transmisores camuflados para comunicarse con un emisor exterior).

Cabría decir, en descargo de la Red, que es una herramienta utilísima para alumnos aplicados y responsables, que son casi todos (por decir algo y no ser demasiado cruel), e inútil para aquellos que caen en el desinterés;  cabría también decir que es como tener la biblioteca de Alejandría en tu despacho, que es una herramienta imprescindible que nos ha permitido trabajar más y mejor, que es la gran ventana al mundo y el instrumento que ha contribuido decisivamente a la formación de la Aldea Global; que  las personas pocos hábiles en su manejo serán los alfabetos del futuro y no sé cuantas cosas más (todas, ciertas y lo sé).

Pero organizar la información, enfrentarse mentalmente a ella, ponerse en disposición de asimilarla e interiorizarla es un proceso complejo y arduo que requiere de una cierta preparación mental y no sólo del uso de Internet. He oído decir  que pronto lo esencial no será tener el conocimiento o la información, porque eso estará en Internet, sino  disponer de los recursos suficientes para saber buscarla, y eso me hace sonreír porque no me imagino a un cirujano deteniéndose en medio de la operación para consultar en la Red el siguiente paso de su cirugía, o a un juez efectuando un receso en la causa para indagar sobre la jurisprudencia del caso en su ordenador antes de dictar el veredicto final.

Me sumo en este caso (con mi humilde opinión) a los que piensan que Internet no es más que un simple decodificador de información. Doy por buena la opinión de conocidos ciberescépticos como Nicholas Negroponte (Mit Media Lab) quien aprecia que al internauta que está permanentemente conectado cada vez le cuesta más leer cualquier tipo de narrativa extensiva, dado (pienso yo) que Internet parece, más que una docta enciclopedia, una sucesión de flashes  de información. Suscribo las palabras de bloggeros especializados como las del escritor Nicholas Car (roughtype.com) quién ha indagado sobre los efectos devastadores de la Red sobre nuestras habilidades cognoscitivas y piensa que reduce la capacidad de concentración, los textos se salpican de hipervínculos y se comprenden peor que los tradicionales, estimando que las personas enganchadas a la multitarea son menos creativas y productivas.

Constato las afirmaciones anteriores en el uso que hago personalmente de la Red. Mi lectura de prensa digital se convierte cada día en una lectura rápida de titulares, con una falta de fijación y de reflexión, un vertiginoso pasar. Situación diferente ante la prensa escrita.

Tal vez todo esto sea sólo una cavilación llena de prejuicios o se limite a constatar los desajustes de un medio que aun está, educativamente hablando, en su fase inicial. Tal vez me esté comportando como aquellos ludistas que destruían las máquinas en los comienzos de la Revolución Industrial. Es posible, lo admito y no seré yo el que niegue las ventajas ilimitadas de Internet para la formación; pero, en estos comienzos, está  contribuyendo a dejar  el campo sembrado de cadáveres y ese es un hecho que merece la pena destacar.

13 de abril de 2011

Luis Miguel Ruiz Manzanilla.

sociluismiguelruiz.blogspot.com

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14 04 2011
mmgr27@gmail.com

Querido Luismi,

soy de las que están enaganchadas a la red. Que descubren muchas cosas gracias a ella, que creen que me está dando posibilidades de estar más “viva” en la docencia, y no por usarlo en el aula, que luego contaré por qué no, si no porque descubro en esta virtual sociedad, por ejemplo, a muchos docentes con los que sintonizo, o simplemente me motivan a continuar adelante, pensando que una escuela mejor es posible.

Sin embargo, en el aula internet como el libro de texto, hay que saber usarlo.

Yo, que ignoro mucho sobre la pedagogía, creo que llevar al aula algo sin controlarlo es un error, perderás los nervios a parte de a tus alumnos. Pasará lo mismo que llegar sin prepararte una clase, por mucho libro que sigas. Sobre todo si no eres especialista en la materia, o nunca has tratado ese contenido.

Por eso, y porque mis alumnos no disponen de ordenadores, no lo uso tanto como me gustaría.

Sin embargo, si la sociedad usa internet para todo, y eso nos perjudica, no significa que deba ignorarlo, si no poco a poco ir integrándolo en nuestras vidas como docentes. Sobre todo porque nuestros alumnos, seguirán usándolo, o mal usándolo.

EL poco a poco, significa una actividad al trimestre, o dos… Yo, desde mi área, difundo material a través de un blog de aula, engancho enlaces, comunico a los padres, incluyo herramientas potentes para trabajar la autoevaluación. También uso la red para mostrar videos interesantes, …
Pero admito que no le saco el rendimiento que me gustaría, porque no sé hacerlo, y estoy aprendiendo lentamente.

Así que a mi juicio, debemos tener paciencia, cautelosos, pero a su vez, no temer y lanzarnos…
“A veces hay que dar un salto si no quieres con tus cortos pasos, caer al vacío.”

Un abrazo a todos,
MERCEDES GARCÍA RECIO

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