Artículo: Fernando Trujillo

14 05 2012
Previsión meteorológica: tormenta perfecta

La situación es la siguiente.

Los modos de producción sobre los cuales hemos construido nuestra estructura social han quebrado: en parte estaban podridos de avaricia (como la banca y el mercado inmobiliario); en parte se han consumido de ineficacia; en parte han caído porque la competencia está viva y no “respeta” nuestros nichos laborales más tradicionales (el turismo, la agricultura, etc.).

Ante esta quiebra en los modos de producción es necesario reconducir el sistema y encontrar nuevos nichos. Para ello es necesario visión, inversión y formación. Como no soy empresario ni economista no hablaré de los dos primeros; sobre el tercero, no hablaré del desarrollo de competencias genéricas o específicas para el mundo del trabajo, sino que me limitaré a las competencias básicas que todo el alumnado debe adquirir y desarrollar en su escolarización obligatoria.

¿Cuál es la situación en educación? Pues una tormenta perfecta.

Cuando más necesidad hay de “educación” en el sentido de un desarrollo óptimo, equilibrado y completo de las competencias básicas y con un alumnado en aumento (un 2% entre el curso 2009-2010 y el curso 2010-2011 según los datos oficiales), el Ministerio de Educación hace la danza de la lluvia para invocar a la tormenta y decide unilateralmente la modificación de las ratios con un margen al alza del 20%, el aumento de horas lectivas del profesorado, la obligación de sustituir las bajas inferiores por los recursos propios del centro y la eliminación de la posibilidad de crear complementos retributivos o retribuciones variables.

Es decir, a más necesidad, menos recursos.

Ante esta tesitura, las respuestas del profesorado serán, naturalmente, variadas. Habrá quien esté de acuerdo con el gobierno y, por tanto, con sus políticas, para las cuales encontrará justificaciones de todo tipo (la herencia encontrada, la coyuntura actual, la inversión que no da resultados, la gloria de otros tiempos, etc.). A estos compañeros y compañeras no tengo nada que decirles, salvo que espero que las nuevas condiciones impuestas por el Ministerio hagan realmente que su trabajo sea más eficaz por el bien de todos.

Habrá quien esté en desacuerdo con las políticas planteadas por el Ministerio y asuma la reducción  como respuesta: puesto que no dan recursos, reduciré mi actividad al mínimo. Esta respuesta, en muchas ocasiones, coincide con la anterior en una vuelta a una estructura clásica de “enseñanza directa” siguiendo el patrón de presentación de contenidos, práctica y prueba. Desafortunadamente, esta secuencia dista mucho de ser la más eficaz para el desarrollo de las competencias básicas y, con esta actitud, estaríamos perjudicando a nuestro alumnado y dando pábulo a las visiones más negativas sobre la escuela y la actuación del profesorado.

Por último, habrá quien esté en desacuerdo con las decisiones del Ministerio pero no se conforme con la “reducción a mínimos”. Esa es mi actitud: me pregunto qué debo hacer ante esta tormenta perfecta para que no afecte a mi alumnado y para mantener, al mismo tiempo, mi dignidad como profesional ante decisiones que entiendo que no son adecuadas para la escuela.

Esto es lo que he pensado para este momento de tormenta perfecta. No te lo ofrezco como quien da soluciones. Reflexiono en voz alta por si te apetece pensar conmigo.

Busca refugio

Uno tras otro han caído los paraísos donde fuimos tan felices. Ya no existe la Escuela 2.0, los Planes de Lectura se han esfumado, las Actuaciones en Interculturalidad son una quimera. Se han acabado los Congresos y los Encuentros donde tanto aprendimos y donde comenzamos a construir una red que ahora será más necesaria que nunca. Ya no hay Convocatorias que nos permitan mejorar nuestro equipamiento o nuestra formación, compartir nuestras experiencias o conocer otras nuevas.

Sin embargo, hay un espacio que nunca podrán arrebatarte, donde la Escuela 2.0 es una actitud y una realidad, donde la lectura es un hecho cotidiano y donde la interculturalidad tiene nombre propio y hermoso color de piel.

Nuestro refugio es el aula. Ahí tenemos que volcar toda la experiencia y todo el conocimiento que hemos adquirido estos años. Ahora tenemos que hacer valer lo que hemos aprendido sobre competencias básicas o sobre el uso de las TIC o sobre atención a la diversidad.

No será fácil, obviamente: vivimos la “tormenta perfecta”. Pero tenemos que intentarlo. Tenemos que volcar en nuestras clases todas las estrategias que hayamos adquirido estos años para la gestión de grupos; ahora, de nuevo, grandes grupos. Todo lo que sepamos sobre diseño de secuencias didácticas atractivas y motivadoras tiene que estar al servicio de nuestro alumnado.

Y ese será nuestro refugio.

Encuentra aliados

No estás solo. La tormenta perfecta no te afecta solo a ti, ni a tu aula, ni a tu centro, ni siquiera a tu comunidad. La tormenta perfecta afecta a todo el sistema educativo. Tu compañero y tu compañera viajan contigo en el mismo bote sacudido por las olas.

Es probable que aparezcan tensiones entre los pasajeros del bote. Cada una de las tres posturas y respuestas a las medidas impuestas por el Ministerio supone una actitud diferente y esto generará tensiones en muchos claustros.

Ahora será decisiva la actuación de los equipos directivos. Más que nunca, necesitamos liderazgo para que el bote avance en la dirección correcta, que no es otra que aquella que contribuya de la manera más eficaz posible al desarrollo de las competencias básicas de nuestro alumnado.

Pero, como los náufragos, tenemos que buscar aliados externos.

Las familias son nuestros aliados más importantes en este caso: por un lado, es necesario informar a las familias de las repercusiones de las decisiones ministeriales y no mediante una convocatoria masiva a todas las familias del centro sino a través de reuniones clase por clase, en las cuales se presentan las repercusiones de manera detallada y sin voluntad de adoctrinamiento.

Es necesario que las familias conozcan la cara del docente interino que se irá a la calle, su función en el centro, las tareas que no se podrán realizar por el aumento de horas lectivas o la dificultad de cubrir una sustitución con los recursos propios del centro cuando estos son, precisamente, diezmados. Permíteme ponerlo de esta forma: las familias con sus impuestos mantienen los centros “sostenidos con fondos públicos”. Pues ha llegado la hora de que sepan qué se puede hace con los pocos fondos que se destinan a sostener sus centros.

Por otro lado, en este naufragio necesitaremos a las familias más que nunca como co-responsables en la educación de sus hijos. Si no lo has hecho ya, invítalas a participar en tus clases, permíteles que te ayuden a gestionar la biblioteca del centro, anímalas a que vean junto a sus hijos un vídeo sobre el cual trabajarás en clase al día siguiente. Necesitamos que alguien nos eche un salvavidas y la familia puede ser quien nos ayude.

Mantén la conexión

No apagues la radio. Mantén abierto el canal. Escucha los mensajes que te envían tus compañeras y compañeros desde otros puntos del país. Presta atención a cómo se agrupan, a cómo se dan apoyo. Ofréceles tu apoyo y tu experiencia. Keep in touch. Send your message in a bottle.

Hoy Twitter y Facebook han expandido nuestro claustro y te garantizo que el claustro-en-la-red da tantas (o más) satisfacciones como el claustro presencial. Interactuar en la red con otros compañeros y compañeras permite tomar distancia respecto a tu propia realidad y relativizarla, encontrar respuestas y soluciones y, también, un gran hombro colectivo sobre el cual depositar tu queja y alguna lagrimita.

Pero no te olvides del cuerpo a cuerpo. Conecta también con tus compañeros y compañeras creando nodos de trabajo para compartir programaciones, para compartir estrategias y para compartir preocupaciones. La red necesita nodos para existir y tú puedes ser el germen de un nodo en tu entorno.

Encuentra razones para el optimismo

El fracaso es una losa que te oprime y no te deja respirar. Como Sísifos instalados en el infierno del fracaso, parece que constantemente subimos una empinada ladera empujando una roca enorme que vuelve a rodar cuesta abajo al culminar la pendiente. Parece que no conseguimos nada, todo es volver a empezar, todo es para nada, nada sirve para nada.

Pero no es verdad. En realidad nuestro trabajo es una sucesión de milagros exitosos: lo increíble es que tengamos éxito dada la complejidad de la tarea que tenemos encomendada.

Y tenemos éxito: pequeños éxitos, éxitos individuales, logros personales que no aparecen en las estadísticas pero sí en el historial de vida de muchos de nuestros estudiantes.

Ahí es donde tenemos que concentrarnos. Olvídate de PISA y de la OCDE, olvídate de la evaluación de diagnóstico y de las auditorías externas, olvídate de lo macro: en tiempos de tormenta perfecta estos datos ya son irrelevantes. Concéntrate tú en lo micro: tu mayor razón para el optimismo se encuentra en el interior de cada uno de tus estudiantes.

Busca ahí tu nuevo paraíso. Algún día, saldrá el sol.

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